Pasan las horas y nada cambia. La pasión con la que disfrutas de su intensa acción; el ánimo con el que afrontas cada una de sus batallas; el asombro que despierta en ti el colorido y la espectacularidad de sus tiroteos… y claro, esa sonrisa que te impide ocultar lo que sientes. Overwatch es diversión en estado puro. Un videojuego de acción multijugador que te atrapa y no te suelta por mucho que quieras.
Siempre hay tiempo para una partida más, para medir fuerzas contra otros jugadores en esas locas batallas campales que Blizzard ha recreado con tanto gusto y exquisito colorido. Que lo nuevo de los padres de Diablo, StarCraft y Warcraft también enamora por su faceta artística. Está tan a otro nivel, posee tal magnetismo, que es imposible resistirse a sus encantos, que no son pocos precisamente.


Echarse una partida a Overwatch supone entrar en un asombroso universo de ciencia ficción en el que todo es posible.
Fácil de jugar, difícil de dominar
Es que plantean estilos de juego tan dispares, que sorprende cómo todos ellos, los 21, luego pueden compenetrarse de una forma tan increíble y espectacular en la acción. Claro que es posible que haya personajes más fuertes que otros, pero no hasta el punto de romper el equilibrio en las partidas. El dominio de sus habilidades, y también saber leer muy bien el combate, es esencial para alcanzar la victoria.

Sabíamos que nos gustaría, no nos imaginábamos que tanto. Overwatch es uno de los mejores videojuegos de acción multijugador que han pasado por nuestras manos. Por la intensidad de sus tiroteos, por el magistral diseño de sus protagonistas y sobre todo, por su admirable capacidad de sorprenderte una y otra vez. Cada batalla es única, cada combate es puro espectáculo, y en todos ellos hay una constante que nunca desaparece: te divierte como pocos videojuegos son capaces de hacerlo. ¿Nos habría gustado toparnos con más contenidos? Sí, pero hasta que lleguen, tenemos diversión para rato.
VALORACIÓN
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