Hay obras destinadas a escribir unas líneas más en la historia de los videojuegos. Zelda ha sido leyenda por haber aportado algunas de ellas, y quiere seguir haciéndolo. Breath of the Wild supone el punto más elevado de Nintendo como desarrolladora, con un mundo abierto colosal, un diseño ejemplar y una capacidad para innovar descomunal. La espada maestra vuelve a brillar. Análisis The Legend of Zelda: Breath of the Wild.

¿Veis la montaña del fondo, el poblado, los bosques…? Pues todo podéis visitarlo, sin límites. Lo único es apañárselas, usando por ejemplo el parapente.
La mejor forma de definirlo es que la propia estructura del juego es un puzle a resolver, y puedes hacerlo de varias maneras. De las regiones y razas que existen, visitas siempre la que más te apetece. Completar antes una parte de la trama para luego ir a la siguiente. No hay linealidad, sino decisiones… y lo sorprendente es que, hagas lo que hagas, el juego no se derrumba. Aguanta como un titán.
Lo único que te pide Zelda: Breath of the Wild es que le dediques tiempo, llegando puntos en que sentirás que no puedes seguir en la historia sin antes haber mejorado tu equipamiento. El juego es un conjunto de engranajes perfectamente situados para que cuanto más rápido avanzas en la trama, más difícil lo tienes para seguir adelante. La mejor muestra es que a las pocas horas ya puedes enfrentarte al final del juego… para morir estrepitosamente. Lección de vida: lo importante no es el destino, sino el gran viaje que vas a experimentar. No apresures el camino, disfruta de él, porque Nintendo ha diseñado un entorno rico para que lo hagas.
VALORACIÓN
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